Mostar, Bosnia y Herzegovina

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Text credits:
https://whc.unesco.org/en/list/946

Old Bridge Area of the Old City of Mostar
The historic town of Mostar, spanning a deep valley of the Neretva River, developed in the 15th and 16th centuries as an Ottoman frontier town and during the Austro-Hungarian period in the 19th and 20th centuries. Mostar has long been known for its old Turkish houses and Old Bridge, Stari Most, after which it is named. In the 1990s conflict, however, most of the historic town and the Old Bridge, designed by the renowned architect Sinan, was destroyed. The Old Bridge was recently rebuilt and many of the edifices in the Old Town have been restored or rebuilt with the contribution of an international scientific committee established by UNESCO. The Old Bridge area, with its pre-Ottoman, eastern Ottoman, Mediterranean and western European architectural features, is an outstanding example of a multicultural urban settlement. The reconstructed Old Bridge and Old City of Mostar is a symbol of reconciliation, international co-operation and of the coexistence of diverse cultural, ethnic and religious communities.

Outstanding Universal Value
Brief synthesis

A settlement established as an urban structure in the 15th century on the crossing of a river and a land road was originally located in a valley of the Neretva River, between Hum Hill and the foot of the Velež Mountain. This relatively small settlement had two towers around the bridge, which dated 1459, as noted by written historical sources. The current name, Mostar, was mentioned for the first time in 1474 and derived from “mostari” – the bridge keepers. The historic town of Mostar developed in the 15th and 16th centuries as an Ottoman frontier town and during the short Austro-Hungarian period in the 19th and 20th centuries. Mostar has been long known for its old Turkish houses and the Old Bridge – Stari most, an extraordinary technological achievement of bridge construction. The historic part of Mostar is a result of interaction between the natural phenomena and human creativity throughout a long historical period. The essence of centuries-long cultural continuity is represented by the universal synthesis of life phenomena: the bridge and its fortresses – with the rich archeological layers from the pre-Ottoman period, religious edifices, residential zones (mahalas), arable lands, houses, bazaar, its public life in the streets and water. Architecture here presented a symbol of tolerance: a shared life of Muslims, Christians and Jews. Mosques, churches, and synagogues existed side-by-side indicating that in this region, the Roman Catholic Croats with their Western European culture, the Eastern Orthodox Serbs with their elements of Byzantine culture, and the Sephardic Jews continued to live together with the Bosniaks-Muslims for more than four centuries. A specific regional architecture was thus created and left behind a series of unique architectural achievements, mostly modest by physical dimensions, but of considerable importance for the cultural history of its people. The creative process produced a constant flow of various cultural influences that, like streams merging into a single river, became more than a mere sum of the individual contributing elements.

In the 1990 conflict, however, most of the historic town and the Old Bridge, a masterpiece designed by the famous architect, mimar Hajruddin (according to the design of his master-teacher, great architect mimar Sinan), were destroyed. The Old Bridge was rebuilt in 2004 and many of the edifices in the Old Town were restored or rebuilt with the contribution of the international scientific committee established by UNESCO.

The Old Bridge Area, with its pre-Ottoman, Eastern Ottoman, Mediterranean and Western European architectural features, is an outstanding example of a multicultural urban settlement. The reconstructed Old Bridge and Old City of Mostar are symbols of reconciliation, international cooperation and the coexistence of diverse cultural, ethnic and religious communities.

Criterion (vi): With the “renaissance” of the Old Bridge and its surroundings, the symbolic power and meaning of the City of Mostar – as an exceptional and universal symbol of coexistence of communities from diverse cultural, ethnic and religious backgrounds – has been reinforced and strengthened, underlining the unlimited efforts of human solidarity for peace and powerful cooperation in the face of overwhelming catastrophes.

 

 

Español
Créditos de este texto:
https://www.mochileandoporelmundo.com/historia-puente-de-mostar-guerra/

POR ROBER Y LETY
QUE HACER EN MOSTAR: LA CIUDAD DEL PUENTE QUE SANGRABA

En este post te contamos todo lo que ver y que hacer en Mostar, una de las ciudades más bonitas (y con la historia más triste) de Bosnia.
La llegada a Bosnia fue bastante extraña: nos daban la bienvenida campos de tabaco, viñedos y banderas de Serbia. Todavía no lo sabíamos pero estábamos en la República Srpska, una de las dos entidades que forman Bosnia y Herzegovina. La sensación fue rara pero todavía nos quedaba lo peor: poco a poco, km a km, comenzamos a toparnos con casas destrozadas, sin techos, con balas en las paredes. Testigos de una guerra demasiado reciente deseando olvidarla para siempre. El primer destino de nuestro viaje en Bosnia y Herzegovina, Mostar, sufrió toda la locura de esta guerra.

LA HISTORIA DEL PUENTE DE MOSTAR
La historia de Mostar es la historia de su puente (stari most = puente viejo) que durante siglos unió la vida musulmana (bosniaks) y católica (bosnios croatas) de la ciudad.
Cuando estalló la guerra de Bosnia los habitantes de Mostar, en su gran mayoría bosniaks musulmanes y bosnios croatas, unieron sus fuerzas para luchar contra los bosnios serbios (de religión ortodoxa) que apoyaban la idea de una Gran Serbia, recordando el poder de la Yugoslavia unida. Lograron su objetivo y los bosnios serbios fueron expulsados de Mostar. Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado: bosnios croatas y bosnios musulmanes, que habían convivido en paz durante siglos y luchado de la mano, comenzaron una guerra civil para conseguir la supremacía de la ciudad.
El stari most, el puente que fue símbolo inequívoco de la convivencia pacifica y de la armonía entre oriente y occidente durante cientos de años, fue bombardeado por la milicia croata (HVO) a las 10.15 del 9 de noviembre de 1993.

Los testigos del bombardeo cuentan como el rio Neretva, uno de los más fríos de Europa, comenzó a ‘sangrar’: sus aguas verdes se tiñeron de rojo y hubo quien dijo que Dios mismo estaba castigando al pueblo de Bosnia. Esta sangre, obviamente, tenía explicación científica: entre los componentes de las piedras del puente había un mineral que al entrar en contacto con el agua provocaba este efecto. Pero la imagen de un río que llora con sangre la autodestrucción de su pueblo parece apocaliticamente acertada.

Aquella mañana el río Neretva no solo fue golpeado por toneladas de roca y piedra que vigilaban la ciudad desde el 1566, con el puente se derrumbaron las esperanzas de una paz que cada vez se veía más lejana. El río parecía gritar que la única diferencia que importaba no era la etiqueta ‘musulmanes’ o ‘católicos’, sino la de ‘vivos’ o ‘muertos’. Pero nadie prestó atención a su advertencia, la guerra siguió su curso acabando con miles de vidas y hoy el recuerdo de aquel ‘grito’ se ha plasmado en la inmensa cruz que domina el monte Hum, a las afueras de la ciudad.

MOSTAR HOY
Han pasado 20 años y hoy en día Mostar es una ciudad muy turística, bella a rabiar. Su puente ha sido reconstruido con las mismas piedras rescatadas del fondo del río y los golpes de artillería se han sustituido por los clicks de las cámaras de fotos.
El centro de la ciudad es una autentica joya, con sus mezquitas, sus tiendas de artesanía, sus tranquilas calles y su emblema: el puente. Desde sus 24 metros se obtienen unas vistas maravillosas, aunque algunos jovenzuelos (y no tanto) usan esta altura para lanzarse al frío río, eso si, una vez que en el gorrito se alcanza una cifra por la que estén dispuesto a jugarse la vida. Unos locos!
Sin embargo basta con salir de las calles centrales para encontrarse con una ciudad llena de cicatrices. Sus muros acribillados, las fachadas de los edificios tiroteados, los techos destrozados, los edificios abandonados, son los que sufren en silencio las heridas de la guerra. Y están allí, a escasos metros de los turistas que comen cevapi y beben cerveza sacándose selfies delante de un puente que parece un arcoiris de piedra. Los edificios se reconstruyen pero, ¿qué pasa con las personas?

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