This should never have happened! Poland…Auschwitz 2…Polonia ¡Esto nunca debió de haber sucedido!

 

Text credits:
http://auschwitz.org/en/history/kl-auschwitz-birkenau/
KL Auschwitz-Birkenau
All over the world, Auschwitz has become a symbol of terror, genocide, and the Holocaust. It was established by Germans in 1940, in the suburbs of Oswiecim, a Polish city that was annexed to the Third Reich by the Nazis. Its name was changed to Auschwitz, which also became the name of Konzentrationslager Auschwitz.
The direct reason for the establishment of the camp was the fact that mass arrests of Poles were increasing beyond the capacity of existing “local” prisons. The first transport of Poles reached KL Auschwitz from Tarnów prison on June 14, 1940. Initially, Auschwitz was to be one more concentration camp of the type that the Nazis had been setting up since the early 1930s. It functioned in this role throughout its existence, even when, beginning in 1942, it also became the largest of the death camps.

Division of the camp
The first and oldest was the so-called “main camp,” later also known as “Auschwitz I” (the number of prisoners fluctuated around 15,000, sometimes rising above 20,000), which was established on the grounds and in the buildings of prewar Polish barracks;
The second part was the Birkenau camp (which held over 90,000 prisoners in 1944), also known as “Auschwitz II” This was the largest part of the Auschwitz complex. The Nazis began building it in 1941 on the site of the village of Brzezinka, three kilometers from Oswiecim. The Polish civilian population was evicted and their houses confiscated and demolished. The greater part of the apparatus of mass extermination was built in Birkenau and the majority of the victims were murdered here;
More than 40 sub-camps, exploiting the prisoners as slave laborers, were founded, mainly at various sorts of German industrial plants and farms, between 1942 and 1944. The largest of them was called Buna (Monowitz, with ten thousand prisoners) and was opened by the camp administration in 1942 on the grounds of the Buna-Werke synthetic rubber and fuel plant six kilometers from the Auschwitz camp. On November 1943, the Buna sub-camp became the seat of the commandant of the third part of the camp, Auschwitz III, to which some other Auschwitz sub-camps were subordinated.
The Germans isolated all the camps and sub-camps from the outside world and surrounded them with barbed wire fencing. All contact with the outside world was forbidden. However, the area administered by the commandant and patrolled by the SS camp garrison went beyond the grounds enclosed by barbed wire. It included an additional area of approximately 40 square kilometers (the so-called “Interessengebiet” – the interest zone), which lay around the Auschwitz I and Auschwitz II-Birkenau camps.
The local population, the Poles and Jews living near the newly-founded camp, were evicted in 1940-1941. Approximately one thousand of their homes were demolished. Other buildings were assigned to officers and non-commissioned officers from the camp SS garrison, who sometimes came here with their whole families. The pre-war industrial facilities in the zone, taken over by Germans, were expanded in some cases and, in others, demolished to make way for new plants associated with the military requirements of the Third Reich. The camp administration used the zone around the camp for auxiliary camp technical support, workshops, storage, offices, and barracks for the SS.

Español
Créditos de este texto:
http://www.lanacion.com.ar/1922711-auschwitz-un-recorrido-por-el-corazon-del-horror-nazi-que-hoy-visita-francisco
LA NACION visitó el mayor lugar de exterminio que levantó Adolf Hitler en 1941 y donde murieron más de un millón de personas
VIERNES 29 DE JULIO DE 2016 • Víctor Ingrassia

Hiela la sangre, aunque no sea invierno. Se corta la respiración, aunque sople un viento fresco. No salen las palabras y el alma parece hacerse añicos. Mil sensaciones recorren el cuerpo y la mente cuando uno sabe que va a ingresar al mayor escenario de horror que supo tener el planeta durante el siglo XX: el Campo de Concentración de Auschwitz, en Polonia.
LA NACION recorrió este horroroso lugar, construido por orden de Adolf Hitler, tras la invasión de la Alemania nazi a Polonia en 1939, que se erigió como el mayor campo de concentración y eliminación de personas en la historia. Hoy, está convertido en un gran museo Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, para recordar siempre lo que aquí paso y evitar que se repita.
Son 70 los kilómetros que separan a Cracovia, la más bella ciudad polaca y capital del país hasta el siglo XVII, de Oswiecim, la localidad que alberga los dos campos: Auschwitz I, el de concentración original, y Auschwitz II o Birkenau, construido posteriormente como lugar de exterminio de más de 1,1 millones de personas.
Y en cada uno de esos kilómetros recorridos, los pensamientos se profundizan y la angustia crece, mientras el conductor de la camioneta que nos lleva al “tour del horror”, enciende un pequeño monitor y comienza a rodar un video para conocer un poco más de la historia de tan tétrico lugar.
La puerta hierro de acceso a Auschwitz con la tristemente famosa frase Arbeit Macht Frei (El trabajo los hará libres), es el comienzo de un recorrido lleno de profundas sensaciones, que nos hará el guía Manlio Beltrán, un colombiano que desde 2012 trabaja aquí y conduce dos visitas por día en español.
“La famosa frase de la puerta principal es el comienzo de un gran engaño porque aquí nunca se hizo realidad, ya que en Auschwitz nada te hacía libre, además de la muerte”, explica Manlio a LA NACION y a un pequeño grupo de diez personas que ingresaban al campo de exterminio.
Tras atravesar la puerta con la curiosa frase, los pasillos del complejo conducen a inmensas barracas, donde estuvieron amontonados los hombres y mujeres que luego iban a ser exterminados.
“Auschwitz comenzó a construirse en 1940 para albergar a los prisioneros políticos polacos que ya no cabían en las cárceles. Ellos fueron los primeros en llegar, pero no tardaron en seguir los miembros de la resistencia, intelectuales, homosexuales, gitanos y judíos”, agrega Manlio.
Y agrega: “Además de apelar a la fuerza, el ejército nazi se encargaba de engañar a los judíos, como método alternativo para ingresar al campo de concentración, ya que les quitaban sus viviendas y les llegaban a ofrecer trabajos importantes para que dejaran atrás todo y llevaran sus más preciados bienes consigo. El viaje en camiones o en tren los dejaba exhaustos y cuando llegaban a Auschwitz eran separados para trabajar, si eran aptos, o directamente para ser ejecutados con diferentes técnicas”.
El recorrido se sumerge en los distintos barracones abiertos como museos y en sus pasillos se observan largas filas de fotos de prisioneros que estuvieron allí alojados. En uno de ellos se puede leer la famosa frase del escritor George de Santayana: “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. Una leyenda como mensaje al mundo: que jamás se repita esta barbarie.
Tras cruzar un frío patio, ingresamos al barracón número 11, llamado “El bloque de la muerte”, destinado para los prisioneros rebeldes donde se les aplicaban torturas y castigos en pequeñas celdas de 1 x 1 metros. Posteriormente, pasaban sus últimos días encerrados sin comida, hasta morir de hambre o eran colgados o ejecutados en una pared de fusilamiento contigua donde se destacan los orificios de bala grabados.
“Al ingresar a los distintos pabellones, los prisioneros que no servían para trabajar por ser débiles, lisiados, o muchas veces mujeres, debían despojarse de todas sus pertenencias y en otra sala, de sus ropas, con la excusa de tomar una ducha caliente e higienizarse tras un agotador viaje. Pero ya sabemos de qué se trataban esas duchas que no eran duchas, sino cámaras de gas”, afirma el guía con voz calma pero que ahoga un grito de indignación.
Esa es la introducción a otro pabellón, donde se pueden observar distintos bloques vidriados, en donde se apilan en cada uno de ellos, valijas o bolsos; en otro, anteojos; en otro, distintas prótesis, bastones y muletas; en otro, artículos de limpieza personal como afeitadoras, brochas y navajas. Pero el que más impresiona es el que apila cabello humano, muchas veces vendido para la fabricación de telas que en ocasiones los nazis llevaban en sus abrigos.
El tour se traslada ahora al otro campo de exterminio de mayor tamaño, Auschwitz II o Birkenau, ubicado a tres kilómetros del primero, donde en su entrada principal se destacan las vías que llevan al último tren estacionado dentro del complejo, donde los prisioneros eran bajados y seleccionados según sus aptitudes, para trabajar, para realizarles experimentos o para ser exterminados.
Este campo de concentración, construido en 1941 no se levantó como todos los demás (para que se realizaran trabajos forzados), sino como un lugar propio de exterminio. Con una extensión de 175 hectáreas dividido en varias secciones delimitadas con alambres de púas y rejas electrificadas. Para ello fue equipado con cinco cámaras de gas y hornos crematorios, cada uno de ellos con capacidad para 2500 prisioneros.
Las cámaras de gas allí instaladas son el único lugar donde no se permite tomar fotografías, y las latas, algunas con el contenido de gas Zyklon B se apilan a un costado, detrás de un vidrio. Cuando todos los prisioneros habían muerto se los revisaba para que no tuvieran ningún objeto de valor, como dientes de oro, aros o anillos, y eran llevados a los hornos crematorios.
En una de las paredes de la sala se lee una frase del comandante de la SS que dirigía Auschwitz, Rudolf Höss, cuando fue detenido e interrogado: “Se llevaba a la gente a las cámaras de gas. Entraban de a 200, todos apretados. Normalmente se tardaba de 3 a 15 minutos en aniquilar a toda la gente, es decir, en que no quedasen signos de vida. En 24 horas se podía incinerar a 2000 personas en los cinco hornos”.
La cita termina con una frase que no contiene ningún tipo de remordimiento por sus actos: “Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones”.
Al principio, no ingresaban mujeres al campo, pero en 1942 comenzaron a trasladarlas allí, donde algunas eran sometidas a crueles experimentos médicos, como mutilaciones y esterilizaciones, o directamente eran asesinadas.
La caminata prosigue por algunas barracas que no fueron modificadas, donde se muestran las enormes letrinas y los restos de los hornos crematorios y las cámaras de gas. Los nazis intentaron destruirlas antes de su precipitada huida por la llegada del Ejército Rojo, proveniente de Moscú que ingresó el 27 de enero de 1945, liberando a los 7000 prisioneros que seguían allí con vida.
La visita termina en una gran fosa, donde eran enterradas las cenizas provenientes de las cámaras crematorias.

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